El tamaño de los bolsos femeninos aumentó a lo largo de la década de 1920. Es un hecho que se puede constatar en la mayoría de los museos que conservan complementos de este tipo, pero, ¿fue una cuestión puramente estética?

La realidad es que influyeron varios factores, pero uno de los más importantes fue la llegada de la cosmética en forma de pequeños contenedores que las mujeres podían comprar y llevar con ellas para hacerse pequeños retoques. Debemos tener en cuenta que antes, el maquillaje en las mujeres era sutil y a menudo se relacionaba con prostitutas o mujeres de “vida ligera”.

El fin de la I Guerra Mundial supuso un cambio radical en la sociedad occidental y marcó un antes y un después en el papel de la mujer. Muchas de ellas participaron activamente, mientras los hombres estaban en el frente, en tareas como producción de armamento, gestión de las empresas, trabajo en el campo para no perder las cosechas ni las ganaderías, cuidado de las familias y trabajo en los hospitales.

Se calcula que en esta guerra murieron 10 millones de combatientes, y de los que volvieron muchos quedaron incapacitados. Ésto supuso 3 millones de viudas y toda una generación masculina perdida que implicaba que muchas mujeres no tuvieran posibilidad de encontrar un marido y formar una familia, uno de los roles básicos en la vida de las mujeres de la época.

Por otra parte, el hecho de que las mujeres, durante la guerra, desarrollaran tareas hasta entonces vetadas, abrió todo un abanico de posibilidades a jóvenes destinadas a servir o a trabajar en las fábricas: nuevas profesiones como secretaria, telefonista, etc., suponían nuevas oportunidades de independencia y libertad a una generación de mujeres que tenía el deseo de vivir la vida al máximo y que nunca volverían a ser como sus madres.

A consecuencia de todo ello surgió un nuevo tipo de chica llamada “flapper”, que se caracterizaba por ir a la moda, con faldas que dejaban ver las piernas hasta la rodilla, no llevaba corsé, bailaba en los nuevos clubes de jazz, fumaba cigarrillos (a veces en largas boquillas), llevaba el pelo corto “à la garçon” y se maquillaba, incluso en público. De este modo un acto íntimo, como la “toilette” se hacía de forma pública, remarcando con sombras y lápiz la profundidad de la mirada y pintando los labios con la forma del arco de Cupido, tal y como hacían las actrices del momento.

Como además los vestidos femeninos se habían simplificado mucho, las mujeres ya no podían ocultar varios bolsillos entre los pliegues de la ropa y los bolsos adquirieron protagonismo, aumentando su tamaño, con el fin de contener todos estos nuevos productos indispensables en la vida de las mujeres modernas.