Carme Vigués ha sido la última propietaria de la conocida mercería La Esmeralda. Situada en el centro de la ciudad de Terrassa, ha representado uno de los negocios más longevos y, desgraciadamente, cerró sus puertas el 31 de agosto de 2018. La relación de la familia de Carme con la mercería se remonta al año 1922, cuando su abuelo, Florenci Julià, aceptó el traspaso que le ofreció el anterior propietario, el Sr. Rocamora. En aquel momento, el local se encontraba en el número 37 de la misma calle de Sant Pere. Por lo tanto, podemos decir que ha sido una mercería centenaria.

Florenci Julià, originario de Girona, había comenzado como aprendiz en la Casa Moga, un gran almacén de Barcelona, ​​referencia para el sector de la mercería, y se trasladó con su mujer a Terrassa, donde vivían justo encima de la mercería. En ese momento en la ciudad había diecinueve mercerías, ya que la tradición textil de la ciudad hacía que hubiera muchos talleres de sastres y modistas. Las familias acomodadas se vestían en estos talleres, pero también las clases más humildes, que encargaban trajes a medida para ocasiones especiales.

En la mercería había dos tipos de clientela: al mayor y al detalle. El primer grupo estaba formado por estos sastres y modistas, que tenían cuenta abierta y pagaban a final de mes. Al detalle vendían sobre todo a mujeres, ya que el hecho de coser, tanto arreglar ropa como confeccionarla, era una tarea habitual.

En 1941 la familia se trasladó al número 47 de la misma calle. Los bajos eran la mercería y el resto del edificio estaba destinado a la casa familiar, ya que el matrimonio tuvo cuatro hijos. La tienda se estrenó al año siguiente con todos los muebles e incluso las cajas hechas a medida. Todo aquello, conservado hasta el último día, hacía de la tienda un espacio donde el tiempo se había detenido.

 

Imatge detall merceria "La Esmeralda"

 

Una anécdota es que, en ese momento, Florenci Julián quiso cambiarle el nombre por el de Mercería Julià, incluso hizo imprimir cartones para los muestrarios de botones y otros productos con el nuevo nombre. Pero entre la clientela no cuajó y, resignado, mantuvo el nombre original.

De todos los hijos del matrimonio, Dolors Julià fue la que más se implicó en el negocio, ya que le gustaba mucho el trato personal con la clientela. A pesar de tener aprendices y empleados, ella compaginaba su trabajo de maestra con el trabajo en la mercería, sobre todo en épocas de mucho trabajo como en primavera, por las bodas y las comuniones, y también a partir de octubre, cuando se preparaban los encargos de los vestidos que se lucían durante la Navidad.

En la tienda trabajaban con proveedores siempre de calidad: hilos de la casa francesa DMC, o de la alemana Gütermann, pero también productos del territorio como encajes de empresas del Maresme o cintas fabricadas en el Bages. También vendían botones grabados de madera o pintados a mano uno a uno, hebillas de vidrio o de nácar, cuellos postizos de seda; productos de gran calidad y alto precio, que tenían demanda en una época en que la ropa, hecha a medida y de calidad, tenía su reconocimiento.

 

Imatge detall merceria "La Esmeralda"

 

En 1975, murió Florenci Julià, justo al inicio del cierre de empresas textiles. Terrassa se transformó paulatinamente y también la sociedad. La incorporación masiva de la mujer al trabajo fuera de casa y la expansión de la confección en serie afectó directamente al negocio. Cada vez quedaban menos taller de sastres y modistas y muchas mujeres ya no necesitaban aprender a coser, ya que la ropa era tan barata que no había que arreglarla, se podía tirar y comprar otra nueva y así seguir las modas, que cada vez cambiaban más rápido.

Esta evolución la vivió de primera mano Dolors Julià, que dejó su trabajo de maestra y se puso al frente del negocio desde 1975 hasta su muerte, en 2013. Su hija, Carme Vigués, que ya colaboraba con su madre, ha continuado los últimos cinco años, hasta su jubilación.

Los motivos de su cierre han sido diversos, tal vez el principal es el hecho de que la mercería se había convertido en un negocio de subsistencia, con dificultades para competir con las mercerías franquiciadas o con las que venden por internet. Nadie ha estado interesado en el traspaso y por esta razón, muy a su pesar, ha decidido cerrar la persiana.

 

Imatge interior merceria "La Esmeralda"

 

Muchos y muchas tarrasenses han mostrado su sorpresa y también tristeza ante esta noticia, pero este hecho es una muestra más del cambio de los tiempos y de cómo, los modos de consumir afectan decisivamente en nuestro paisaje urbano y comercial.

Tras su cierre, el Museu Tèxtil ha contactado con Carme Vigués y, gracias a su ayuda, se ha hecho una selección de objetos de mercería del fondo antiguo (años 1900 a 1960) que ha donado para recoger la historia material de este comercio. Carme también ha donado material actual para los talleres que realiza el museo, tanto infantiles como para adultos. Desde el Museu le agradecemos su colaboración y generosidad.